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Formación para empresas

Vivimos unos años en los que parece que realizar formación en el ámbito de la empresa es más una consecuencia de la presión de consultoras del sector y de la existencia de los créditos para formación bonificada, que una necesidad en sí misma.

A lo largo de la vida, en los primeros años de desarrollo, nos dedicamos fundamentalmente a la adquisición de conocimientos y destrezas, que luego utilizamos sin gran evolución en la mayoría de nuestra etapa adulta, incluida la profesional.

Es cierto que algunas personas tienen la habilidad para seguir creciendo siempre. Normalmente, en un ámbito profesional más concreto y con unos intereses más definidos que cuando son jóvenes. Pero no es menos cierto que muchas otras se ven abrumadas por el día a día de sus responsabilidades y no tienen tiempo ni posibilidades de seguir formándose.

En entornos estables, dónde la formación es, sobre todo, un mecanismo de búsqueda de una posición mejor retribuida o de crecimiento profesional, esto no representa ningún problema. Pero en los últimos 50 años vivimos muy lejos de desenvolvernos en un entorno estable y de escasa evolución. Unos sectores van más rápido que otros, pero todos sufren cambios.

El entorno cambia continuamente, por más que decirlo resulte ya una expresión muy manoseada y recurrente. El ejemplo más obvio de estos días es la llamada digitalización, que nos ha cogido a todos con el pie cambiado. Muchos de los profesionales que se desenvolvían perfectamente en un mundo off-line están teniendo serias dificultades para hacerlo en un mundo on-line. Sirva de ejemplo cómo ha modificado la actividad y los presupuestos de los departamentos de marketing.

Pero hay muchas otras necesidades de formación. Aparecen otras herramientas tecnológicas (ERPs, CRMs, …) o simplemente ofimáticas; hay regulaciones de obligado cumplimiento en materia de prevención de riesgos laborales o protección de datos; cambian las competencias necesarias en los empleados de la organización y las habilidades que tienen que poner en juego a la hora de relacionarse con clientes, proveedores, directivos o colaboradores; cambian las estructuras organizativas y los puestos que ocupan las personas, etc.

Si hay una constante en el mundo de la empresa es el cambio y si hay una herramienta clave para adquirir conocimientos y modificar las actitudes necesarias, esa es la formación.

Por nuestra experiencia, los grandes bloques en los que se articulan la mayoría de los planes de formación de empresas de primer nivel suelen incluir los siguientes aspectos:

Formación en Prevención de Riesgos Laborales.
Formación en Ofimática y adaptación tecnológica.
Formación comercial y de desarrollo de negocio.
Formación en competencias relacionales transversales y directivas.
Formación en idiomas.
Formación específica relacionada con los aspectos técnicos u operativos propios de cada negocio.
Formación destinada a satisfacer necesidades individuales o motivacional (Permisos Individuales de Formación, Másteres y Postgrados, FP, etc.).

Cualquier gran compañía, especialmente si se mueve en un entorno multinacional, lo tiene claro. Destina una partida presupuestaria a la formación y procura que ésta esté alineada con el negocio, las necesidades de los puestos y de las personas. El departamento de formación se convierte en un Business Partner.

¿Por qué está práctica no está tan extendida en las PYMES y en las empresas nacionales?. La primera objeción que plantean es la escasez de tiempo. La mayoría de los directivos y empresarios de PYMES tiene miedo a que sus equipos pierdan el foco que deben tener en la producción y la comercialización.

Pero hay algo más grave. Se esconde la creencia firme de que la formación no les va a ayudar a realizar mejor su trabajo ni a ser más eficaces o eficientes. En ocasiones, detrás de esta creencia, se encuentra el círculo vicioso que les impide crecer como compañía. Al margen de una buena elección estratégica (mercados, productos, canales, precios, etc.), lo que lleva a una empresa a diferenciarse y a crecer son sus personas, sus profesionales. Y lo que los profesionales son capaces de hacer depende de su motivación y, en gran medida, de lo que han aprendido a hacer. Muchas de las limitaciones son puras carencias de aprendizajes previos.

Así que, son muchas las razones por las que una empresa debe realizar formación, y no solo por los créditos:

• Ayuda a crear una cultura de aprendizaje y evolución constante y permite abordar cambios necesarios con mayor facilidad.
• Es motivacional y muestra un interés en las personas más allá de ser puros sujetos de producción y rentabilidad.
• Ayuda a que las personas realicen sus puestos de trabajo específicos con mayor eficacia y eficiencia.
• Adapta a las personas al mundo actual y mercado en el que se desenvuelven, permitiendo la supervivencia de la empresa y de los profesionales a medio y largo plazo.

Cuando pensamos en nuestros hijos, tenemos bastante claro que una mejor formación llevará a un mejor desempeño en su edad adulta y estamos dispuestos a invertir, sabiendo que se producirá el adecuado retorno en el futuro (ROI).

Sin necesidad de estimar plazos tan largos como en el proceso educativo, es obvia la rentabilidad de la formación para una compañía, mucho más allá de “gastar por gastar”.

Como proveedor hemos comprobado, en muchas ocasiones, el impacto de las acciones formativas a distintos niveles:

• En la motivación y compromiso inmediato de las personas que realizan la formación.
• En la transferencia al puesto de trabajo de los conocimientos adquiridos, si han sido bien ajustados a las necesidades de la empresa mediante un trabajo previo.
• En ciertos indicadores que se ven favorecidos (ventas, márgenes, compras, etc.).
• Y, en el 90 % de las ocasiones, la inversión realizada, resulta ser mucho menor que el impacto obtenido (ROI favorable), cuando está bien ajustada a las necesidades del cliente.

Espero que mis reflexiones resulten útiles. Aporto mi punto de vista con humildad desde mi experiencia de casi 30 años en este apasionante mundo de los recursos humanos. Es decir, de cómo tratar que empresas y personas se concilien de modo mutuamente beneficioso (ganar-ganar).


Artículo realizado por Juan Carlos Sánchez Rodríguez, CEO de Adelantta, Selección, Formación y Consultoría

Si tienes cualquier necesidad a nivel de selección de personal, formación o consultoría de RRHH, no dudes en contactar con Adelantta.

Tags : formaciónFormación Bonificada

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