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En todas las empresas de éxito siempre hay un común denominador, un líder, una persona con visión estratégica y unos objetivos claros.

El management normalmente estudia los diferentes tipos de liderazgo que se ejercen en una organización; el natural, caracterizado por personas con grandes habilidades comunicativas y motivadores de equipo; el participativo, involucrando al equipo en la toma de decisiones de la organización; el autocrático, basado en el control total de las decisiones y poder de mando; el burocrático, actúa con un plan de acción prefijado y permite pocos cambios; el carismático, cuyo valor principal es la capacidad de transmitir y motivar al equipo; y por último, el transformacional, funciona como inspiración y apoyo al equipo.

Gestión de talento y actitud

Estas son las definiciones clásicas de los tipos de liderazgo, hay alguna variante más, pero a modo de introducción nos quedaríamos con éstas, pero ¿existe alguna modalidad más a tener en cuenta?, seguramente podríamos incorporar nuevos estilos o redefinir algunos de los mismo, pero hay uno digno de estudio, es el liderazgo basado en la ACTITUD.

La actitud se define como “Disposición de ánimo manifestada de algún modo” pero la ACTITUD en mayúsculas es el valor añadido o ventaja competitiva que provoca que una persona pueda ser un líder de éxito. Difícilmente sin actitud, positiva, podemos lograr nuestros objetivos. Podríamos hablar del líder con actitud, una versión moderna de dirigir las organizaciones actuales, abiertas al entorno, globales, transversales y multidisciplinares.

La actitud hay que desarrollarla y trabajarla de forma constante para que esté presente en nuestra vida, tanto personal como profesional. La actitud se entrena, en el día a día, al principio de forma consciente, afrontando todas las situaciones de nuestro entorno con una mirada abierta, cooperante y resolutiva, llegando a ser prácticamente una filosofía de vida. Tal como describe el profesor Lluis Soldevila, formador y consultor en Actitudes de Alto Rendimiento, en su libro “Éxito se escribe con A”, la actitud requiere de un autoconocimiento previo, tenemos que conocer nuestros puntos fuertes pero también nuestras limitaciones, solo cuando las conozcamos seremos capaces de liderar con actitud, optimizando nuestras competencias, de lo contrario, podemos caer en lo que se denomina “el tonto motivado”, aquella persona que desconoce sus límites o puntos débiles, y sin embargo potencia una actitud positiva que no corresponde con aquello que es capaz de realizar, generando normalmente frustración.

El desarrollo de los líderes requiere de innovación y de talento, herramientas de crecimiento y de generación de valor que solo se consiguen con la actitud adecuada, que nos permitirá actuar minimizando los riesgos de equivocarnos.

Añadamos este ingrediente a nuestro estilo de liderazgo, o simplemente, ejerzamos el liderazgo basado en la ACTITUD POSITIVA y nuestra organización caminará hacia un entorno profesional que verá incrementada su eficiencia y capacidad resolutiva. ¡Nuestros clientes lo notaran!

Xavier Arrojo, CEO y Marketing Manager del ISNIB (Instituto Superior de Negocios Internacionales de Barcelona)

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Tags : ISNIBliderazgo

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